Page 704 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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la luz, su figura capturada durante un instante en el que el
tiempo pareció detenerse ante la visión de aquel ser terrible,
inenarrable en su terrorífica hermosura.
Ante aquella visión, el cacto que apuntaba la luz tiró de un
manubrio oculto y un vómito incandescente salió disparado
de la lente y recorrió la senda del foco. Yagharek abrió aún
más los ojos. El nudo de luz concentrada y calor murió justo
antes de alcanzar el cristal de la cúpula.
Aquel relámpago momentáneo pareció acallar todos los
sonidos del Invernadero.
Yagharek parpadeó para aclarar la imagen del salvaje
proyectil de sus ojos.
Los cactos comenzaron a hablar de nuevo.
— ¿...tenemos? —preguntó uno. Hubo una confusión de
preguntas inciertas.
Miraban, igual que Yagharek, invisible sobre ellos, la zona
por la que había volado la polilla. Escudriñaron el suelo,
girando el poderoso haz hacia el pavimento.
Por las calles, el garuda vio a las patrullas quietas,
observando el foco, implacables al ser bañadas por la luz.
—Nada —gritó uno de los ancianos en lo alto, mientras su
informe era repetido desde todos los sectores en la noche
claustrofóbica.
Tras las gruesas cortinas y los postigos de madera de las
ventanas del Invernadero, las hebras de luz se derramaban
sobre el aire al encenderse las antorchas y las luces de gas.
Pero aun despertados por la crisis, los cactos no se asomaron
a las tinieblas, no se arriesgaron a ver lo que no debían. Los
guardias estaban solos.
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