Page 75 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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páginas en busca de la bibliografía. Copiaba detalles
laboriosamente, atacando las teclas de la máquina de escribir
con dos dedos.
Mientras escribía, los parámetros de su plan comenzaban
a ampliarse. Cada vez buscaba más libros y sus ojos se abrían
cuando comprendía el potencial de su investigación.
Al fin se detuvo y se recostó en la silla, pensativo. Tomó
unas hojas sueltas y pergeño diagramas, mapas mentales,
planes sobre cómo proceder.
Una y otra vez regresaba al mismo modelo: un triángulo
con una cruz firmemente plantada en su centro. No podía
evitar sonreír.
— Me gusta —murmuró.
Alguien dio unos golpes en la ventana. Se incorporó y se
acercó.
Desde el exterior lo saludó un rostro estúpido y escarlata.
Dos cuernos puntiagudos surgían del mentón prominente, y
los nudos y líneas óseas imitaban de forma poco convincente
el cabello. Ojos acuosos observaban desde detrás de un feo
rostro sonriente.
Isaac abrió la ventana, dando paso a la luz mortecina del
ocaso. En las aguas del Cancro, las bocinas discutieron
cuando dos barcazas industriales trataron de sobrepasarse.
La criatura colgada del alféizar saltó al marco abierto de la
ventana, apresando los bordes con manos retorcidas.
— ¡Cay, capitán! —cacareó. Su acento era fuerte y
extraño—. He visto el clavo ese con la bufanda roja, y me
digo, « ¡A ver al jefe!». —Parpadeaba y ladraba su risa
estúpida—. ¡Qué quiere, capitán! ¡Su servicio!
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