Page 77 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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llamando a un draco para algún trabajo.
Isaac buscó en su bolsillo y extrajo un shekel.
— ¿Te gustaría ganarte esto, Teparadós?
— ¡Claro, capitán! —gritó el ser—. ¡Cuidado abajo! —
añadió gritando. El guano salpicó por la calle mientras el
draco rompía a carcajadas.
Isaac le entregó la lista que había elaborado, enrollada
como un pergamino.
—Llévalo a la biblioteca de la universidad. ¿La conoces?
¿Al otro lado del río? Muy bien. Está abierta hasta tarde, así
que deberías encontrarla abierta. Dale esto al bibliotecario.
He firmado, así que no debes de tener ningún problema. Te
cargarán con algunos libros. ¿Crees que podrás traérmelos?
Pesarán bastante.
— ¡No pasa nada, capitán! —dijo Teparadós golpeándose
el pecho como un tambor—. ¡Tipo fuerte!
—Estupendo. Consíguelo en un solo viaje y te daré algo
más.
Teparadós cogió la lista y se giró para marcharse con un
tosco grito infantil, cuando de repente Isaac lo asió por el
borde de un ala. El draco se giró, sorprendido.
— ¿Problemas, jefe?
—No, no... —Isaac contemplaba pensativo la base del ala.
Abrió y cerró con cuidado el fuerte apéndice con las manos.
Bajo la piel de un rojo vivido, ósea, moteada y rígida como
el cuero, pudo sentir los músculos especializados del vuelo
recorriendo la carne de las alas. Se movían con magnífica
economía. Trazó un círculo completo con el ala, sintiendo
los músculos tensarse en un movimiento de cucharón que
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