Page 78 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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servía para sacar el aire de debajo del draco. Teparadós rió
entre dientes.
— ¡Capitán cosquillas! ¡Diablo burlón! —gritó.
Isaac se acercó a coger unas hojas, obligándose a no
arrastrar a Teparadós con él. Estaba visualizando de forma
matemática el ala de la criatura como simples planos
compuestos.
—Teparadós, ¿sabes qué te digo? Cuando vuelvas, te daré
otro shekel si me dejas tirarte unos cuantos heliotipos y hacer
un par de experimentos. Solo será una media hora. ¿Qué me
dices?
— ¡Estupendo, capitán!
El draco saltó al alféizar, y de ahí a la penumbra. Isaac
entrecerró los ojos, estudiando el movimiento giratorio de las
alas, observando aquellos fuertes músculos reservados a los
voladores, que enviaban más de cuarenta kilos de carne y
hueso retorcidos por los aires.
Cuando Teparadós hubo desaparecido de la vista, Isaac se
sentó y redactó otra lista, esta vez a mano, escribiendo a toda
prisa.
«Investigación», escribió en la parte superior. Y debajo:
«física; gravedad; fuerzas/planos/vectores; CAMPO
UNIFICADO». Y un poco más abajo, escribió: «Vuelo i)
natural ii) taumatúrgico iii) quimicofísico iv) combinado v)
otros».
Por fin, subrayado y en mayúsculas, escribió
«FISONOMÍAS DEL VUELO».
Se echó hacia atrás no para descansar, sino listo para
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