Page 754 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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esfuerzo y su cuerpo era recorrido por el flujo taumatúrgico.

            Tenía el cabello erizado. Isaac vio cómo su cuerpo despedía

            pequeñas chispas de ébano, que trazaban fugaces arcos de

            energía. La poderosa carga que crepitaba y brotaba desde
            debajo  de  su  piel  era  completamente  oscura.  Brillaba

            negativamente, despidiendo no-luz.


                Los cactos doblaron la esquina y aparecieron frente a él.

                La vanguardia del grupo se vio sorprendida por aquella

            extraña figura que despedía un resplandor oscuro, de manos

            dobladas y agarrotadas como las de un vengativo esqueleto

            y que hacía crepitar el aire con taumaturgones. Antes de que

            pudieran  reaccionar,  Tansell  dejó  escapar  un  gruñido  y

            zigzagueantes  rayos  de  la  negra  energía  emanaron  de  su

            cuerpo en dirección a ellos.

                Trepidaron  por  el  aire  como  relampagueantes  bolas  y

            golpearon  a  varios  cactos.  Las  energías  del  maleficio

            estallaron contra sus víctimas y se disiparon por toda su piel

            en  crepitantes  venas.  Los  hombres  cacto  volaron  varios
            metros hacia atrás y sus cabezas fueron a chocar contra los

            adoquines.  Uno  de  ellos  quedó  inmóvil.  Los  demás  se

            retorcieron, aullando de dolor.


                Tansell  alzó  los  brazos  todavía  más  y  un  guerrero  se

            adelantó, al tiempo que blandía su hoja de guerra detrás de

            los hombros. La balanceó en un enorme y poderoso arco.

                La  pesada  arma  cayó  sobre  el  hombro  izquierdo  de

            Tansell. Instantáneamente, al contacto con su piel, condujo

            la  anti-carga  que  recorría  el  cuerpo  del  mercenario.  El

            atacante  se  convulsionó  poderosamente  y  la  fuerza  de  la
            corriente  lo  derribó  de  espaldas;  de  su  brazo  destrozado

            empezó a brotar savia, pero el impulso de su terrible golpe



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