Page 750 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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frontón de la entrada.
Arañándola con repulsiva desesperación, la polilla asesina
estaba entrando penosamente por ella para regresar a casa.
Se le encogió el corazón, pero la bestia ignoraba su
presencia. Todo su fervor estaba reservado para su destruida
progenie.
Mientras Isaac volvía el rostro de nuevo, se dio cuenta de
que los cactos que se encontraban al otro lado de la calle
habían también escuchado el ruido. Desde allí no podían ver
la ventana, no podían ver la forma monstruosa que se estaba
infiltrando en la casa. Pero podían ver a Isaac, huyendo de
ellos, gordo y furtivo.
—Oh, mierda —jadeó Isaac, que empezó a correr
pesadamente.
Se alzó una confusión de gritos. Una voz se elevó sobre
ellos y empezó a dar órdenes secas. Algunos de los guerreros
cactos que se encontraban junto a la puerta se apartaron del
grupo y corrieron directamente hacia Isaac.
No eran muy rápidos, pero él tampoco. Empuñaban sus
enormes armas de forma experta, sin que los estorbaran al
correr.
Isaac apretó el paso todo lo que pudo.
— ¡Estoy de vuestro puto lado! —gritó mientras lo hacía.
Pero fue en vano. Sus palabras resultaban inaudibles. E
incluso si hubieran podido escucharlo, no era probable que
los guerreros cactos, aterrorizados y aturdidos y pugnaces, le
hubieran hecho el menor caso antes de matarlo.
Los cactos estaban gritando para llamar a otras patrullas.
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