Page 752 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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una vez por todas —dijo Isaac con urgencia.
—Está bien, Tan —dijo Pengefinchess con la voz
desesperadamente firme. Disparó otra flecha de punta
preparada que cortó un gran tajo de carne de cacto. Se irguió,
mientras aprestaba un tercer proyectil.
—Vamos, Tan. No pienses. Solo muévete.
Hubo un zumbido agudo y el chakri de uno de los cactos
impactó contra el tabique que había junto a la cabeza de
Tansell. Se clavó profundamente en su interior y arrojó a su
alrededor una dolorosa explosión de fragmentos de mortero.
El escuadrón de cactos se aproximaba rápidamente. Sus
rostros, contraídos de furia, resultaban ya visibles.
Pengefinchess empezó a retroceder, arrastrando a Tansell.
— ¡Vamos! —exclamó. Tansell se movió con ella al
tiempo que musitaba y gemía. Había dejado caer el arma y
apretaba las manos como si fuesen garras.
Pengefinchess empezó a correr, tirando de su camarada.
Los demás la siguieron por el intrincado laberinto de
callejuelas por el que habían llegado.
Detrás de ellos, el aire zumbaba de proyectiles. Chakris y
hachas arrojadizas silbaban al pasar junto a ellos.
Pengefinchess corría y saltaba a velocidad asombrosa.
Ocasionalmente se volvía y disparaba hacia atrás, sin apenas
molestarse en apuntar, antes de reanudar su carrera.
— ¿Y los constructos? —gritó a Isaac.
—Jodidos —resolló este—. ¿Sabes cómo regresar a las
alcantarillas?
Ella asintió y dobló una esquina abruptamente. Los demás
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