Page 80 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de la noche predadora.
En esta ciudad, los que se parecen a mino son como yo.
Una vez cansado, asustado y desesperado por conseguir
ayuda) cometí el error de dudarlo.
Buscando un lugar en el que esconderme, buscando
comida y calor por la noche, así como respiro de las miradas
que me reciben allá donde pongo el pie en las calles, vi a un
jovenzuelo corriendo por el angosto pasadizo entre dos
casas destartaladas. Mi corazón casi reventó. Le grité, a ese
muchacho de mi propia especie, en la lengua del desierto...
y me devolvió la mirada, extendió las alas y abrió el pico,
rompiendo a reír cacofónico.
Me maldijo con su bestial cacareo. Su laringe luchaba por
pronunciar sonidos humanos. Le grité, mas no comprendía
Chilló a alguien a su espalda y un grupo de pillos humanos
surgió de los agujeros de la ciudad, como espíritus
resentidos con los vivos. Aquel pollo de ojos brillantes me
hizo gestos, insultándome demasiado rápido como para
comprenderlo. Y aquellos sus camaradas, los matones de
rostro sucio, esas criaturas pequeñas, amorales y
embrutecidas con caras marcadas y pantalones
desgarrados, escupían sus gargajos con flema, y reuma, y
polvo urbano, las chicas con camisetas teñidas y los chicos
con chaquetas demasiado grandes, cogieron adoquines del
suelo y me apedrearon en la oscuridad de un umbral
destartalado.
Y el pequeño al que no llamaré garuda, pues no era más
que un humano con extrañas alas y plumas, mi pequeño no-
hermano perdido, me apedreaba junto a sus compañeros y
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