Page 755 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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condujo la hoja a través de capas de grasa y sangre y hueso
y abrió a Tansell un enorme tajo en la carne de medio metro
de longitud, desde el hombro hasta más allá del esternón. La
hoja permaneció hincada por encima del estómago,
estremeciéndose.
Tansell gritó una vez, como un perro sobresaltado. La
oscura anti-carga se derramó crepitando por la enorme
herida, que empezó a escupir sangre en un vasto y goteante
torrente. Los cactos se arremolinaron a su alrededor,
pateando y golpeando al hombre que agonizaba a toda
velocidad.
Isaac dejó escapar un grito de angustia y alargó los brazos
hacia lo alto del muro. Le hizo un gesto a Lemuel. Miró
abajo, hacia el oscuro patio. Derkhan y Pengefinchess habían
abierto el camino que conducía hacia la ciudad subterránea.
Los cactos no habían abandonado la persecución. Algunos
de los que no estaban cebándose en el cuerpo de Tansell
seguían corriendo en su dirección, agitando las armas hacia
Isaac y Lemuel. Mientras este último llegaba al muro, se alzó
con fuerza el sonido de un arco hueco. Hubo un chasquido
carnoso. Lemuel gritó y cayó.
Un enorme chakri dentado se había clavado
profundamente en su espalda, justo encima de las nalgas: sus
plateados bordes sobresalían de la herida, que derramaba
sangre copiosamente.
Lemuel alzó la vista hacia el rostro de Isaac y lanzó un
grito lastimero. Sus piernas temblaban. Sacudía las manos,
levantando nubes de polvo de ladrillo a su alrededor.
— ¡Oh Jabber Isaac ayúdame por favor! —gritó—. Mis
piernas... Oh Jabber, oh dioses... —tosió un enorme esputo
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