Page 794 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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que  contenía  el  equipo,  tan  cuidadosamente  como  si  se

            tratase de una reliquia religiosa, del cuerpo de algún santo.

                Todavía  seguían  ataviados  con  sus  absurdos  y  pesados

            disfraces, caminaban encorvados y arrastrando los pies como

            mendigos. Bajo su capucha, la oscura piel de Isaac estaba

            todavía  moteada  por  las  diminutas  costras  del  salvaje

            afeitado  al  que  se  había  sometido.  Yagharek  llevaba  la

            cabeza envuelta, al igual que los pies, en una tela podrida que

            no le dejaba más que una diminuta apertura para ver. Parecía

            un leproso sin cara que tratase de ocultar su putrefacta piel.

                Los  tres  aparentaban  formar  una  especie  de  repugnante

            caravana de vagabundos, una marcha de desposeídos.

                Al  llegar  a  la  puerta,  volvieron  las  cabezas  una  vez,

            rápidamente. Los dos levantaron la mano para despedirse de

            Derkhan. La mirada de Isaac se dirigió hacia el lugar en el

            que  Pengefinchess  los  observaba  plácidamente.  Con

            vacilación,  alzó  la  mano  hacia  ella  mientras  enarcaba  las

            cejas en una pregunta muda: ¿Volveré a verte?, podía ser o,
            ¿Vas a ayudarnos?  Pengefinchess  alzó  su  gran  mano

            palmeada en una respuesta evasiva y apartó los ojos.


                Isaac se volvió, con los labios fruncidos.

                Yagharek  y  él  comenzaron  su  peligrosa  travesía  por  la

            ciudad.


                No se arriesgaron a cruzar el puente del ferrocarril. Tenían

            miedo de que un iracundo conductor de tren pudiera hacer
            algo más que advertirlos con un silbido mientras pasaba a su

            lado  como  una  exhalación.  Podría  mirarlos  y  fichar  sus

            rostros, o informar a sus superiores de la estación Malicia o

            de la estación del Bazar de Esputo, o de la misma estación

            de la calle Perdido, de que tres estúpidos desarrapados se


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