Page 789 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 789

sobre un laboratorio secreto experimental, un lugar situado

            sobre  la  ciudad,  con  acceso  a  los  ferrocarriles.  Él  había

            parecido preocupado, había sacudido la cabeza, había mirado

            a su alrededor en busca de una vía de escape. En la oscuridad
            que  había  bajo  el  puente  del  ferrocarril,  Derkhan  había

            sacado su pistola. Aunque agonizante, él todavía le temía a

            la muerte y ella le había obligado a trepar por la cuesta a

            punta de pistola. A mitad de camino, él había empezado a

            llorar. Derkhan lo había observado y le había empujado con

            la  pistola,  había  sentido  todas  sus  emociones  desde  muy

            lejos. Se mantenía a distancia de su propio horror.




                En  el  interior  de  la  cabaña,  Derkhan  había  esperado

            pacientemente, apuntando a Andrej con la pistola hasta que
            por fin había escuchado el sonido de unos pies arrastrados

            que  señalaba  el  regreso  de  Isaac  y  Yagharek.  Cuando

            Derkhan les abrió la puerta, Andrej empezó a llorar y a gritar

            pidiendo ayuda. Para ser un hombre tan enfermo tenía una

            voz  asombrosamente  fuerte.  Isaac,  que  había  empezado  a

            preguntar a Derkhan qué le había contado al hombre, dejó de

            hablar y entró apresuradamente para acallarlo.

                Hubo medio segundo, una fracción diminuta de tiempo, en

            la que Isaac abrió la boca y pareció que iba a decir algo que

            calmase los temores del anciano, que iba a asegurarle que

            nadie le haría daño, que estaba en buenas manos, que había

            una razón de peso para aquel extraño encarcelamiento. Los

            gritos de Andrej vacilaron un momento mientras miraba a
            Isaac, ansioso por ser tranquilizado.


                Pero  Isaac  estaba  cansado  y  no  podía  pensar,  y  las

            mentiras que se le ocurrían le hacían sentirse como si hubiera



                                                           788
   784   785   786   787   788   789   790   791   792   793   794