Page 795 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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habían colado en las vías y se encaminaban al desastre.

                El  peligro  de  interceptación  era  demasiado  grande.  De

            modo  que,  en  vez  de  eso,  Isaac  y  Yagharek  bajaron  con

            dificultades por la cuesta que había junto a las vías, sujetando

            el cuerpo de Andrej mientras se deslizaba despatarrado hacia

            las silenciosas veredas.

                El calor era intenso pero no sofocante: parecía más bien

            una especie de ausencia, una enorme falta que se sentía por

            toda la ciudad. Era como si el sol hubiera languidecido, como

            si  sus  rayos  blanqueasen  las  sombras  y  las  frescas  zonas

            interiores que proporcionaban su realidad a la arquitectura.

            El calor del sol amortiguaba los sonidos y les sangraba la

            sustancia. Isaac sudaba y profería maldiciones en voz baja

            tras  sus  pútridos  harapos.  Se  sentía  como  si  estuviese
            vagando por algún sueño apenas advertido de calor.


                Sosteniendo  a  Andrej  entre  ambos  como  si  fuera  algún

            amigo  paralizado  por  el  licor  barato,  Isaac  y  Yagharek

            caminaban pesadamente por las calles, en dirección al Puente
            Celosía.


                Allí eran extraños. Aquello no era la Perrera o Malado o

            los suburbios de Páramo del Queche. En todos esos lugares

            habrían sido invisibles.

                Cruzaron  el  puente  nerviosamente.  Se  sentían  acosados

            por  sus  coloridas  piedras,  rodeados  por  las  burlas  y  las

            sonrisas despectivas de los tenderos y los clientes.

                Yagharek  mantenía  una  mano  cerrada  subrepticiamente

            alrededor de un racimo de tejido nervioso y arterial en un

            lado del cuello de Andrej, preparado para pinzarlo con fuerza

            si  el  anciano  daba  la  menor  señal  de  estar  a  punto  de

            despertar.  Isaac  murmuraba,  un  balbuceo  seco  lleno  de


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