Page 792 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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                Justo  antes  de  las  cuatro,  mientras  se  preparaban  para

            marcharse, Derkhan abrazó a Isaac y a Yagharek, uno detrás

            de otro. Solo titubeó un instante antes de apretar con fuerza

            al garuda. Él no respondió, pero tampoco se apartó.

                —Os veré en la cita —murmuró.


                — ¿Sabes  lo  que  tienes  que  hacer?  —dijo  Isaac.  Ella

            asintió y lo empujó hacia la puerta.

                Ahora  fue  él  el  que  titubeó,  frente  a  lo  más  difícil.  Su

            mirada  voló  hasta  donde  yacía  Andrej,  sumido  en  un

            exhausto estupor de miedo, los ojos vidriosos y la mordaza

            pegajosa de mocos.

                Tenían que llevárselo y no debía dar la alarma.


                Había  discutido  con  Yagharek  sobre  esto,  en  susurros

            fácilmente amortiguados por el terror del anciano. No tenían

            drogas e Isaac no era un biotaumaturgo, no podía insinuar
            brevemente sus dedos en el interior del cráneo de Andrej y


            apagar temporalmente su consciencia.

                En vez de eso, se vieron forzados a utilizar las habilidades

            más salvajes de Yagharek.

                Los recuerdos del garuda volaron de vuelta a los pozos de

            la carne, a los «combates lechales»: aquellos que terminaban

            con  la  sumisión  o  la  inconsciencia  y  no  con  la  muerte.

            Recordó las técnicas que había aprendido y las aplicó a su

            oponente humano.

                — ¡Es un anciano! —siseó Isaac—. Y está muriéndose, es

            frágil... sé suave...


                Yagharek se deslizó a lo largo de la pared hasta el lugar en

            el  que  Andrej  yacía,  mirándolo  con  cansino  y  repugnado


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