Page 797 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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y les escupían o les arrojaban pequeñas piedras y salían
corriendo.
Como siempre, buscaban la vía del tren. La encontraron
en la estación Malicia, donde los trenes de los Campos
Salacus se separaban de la línea Sur. Subieron furtivamente
al paso elevado y abovedado que pendía de forma inestable
sobre los arcos del Hogar de Esputo. Sobre las ruidosas
multitudes, la atmósfera empezaba a enrojecerse conforme el
sol ascendía en dirección a su cenit. Los arcos estaban
manchados de aceite y hollín e invadidos por un
microbosque de moho y tenaces plantas trepadoras. Estaban
inundados de lagartijas e insectos, alimañas que buscaban
refugio del calor.
Isaac y Yagharek entraron en un asqueroso callejón sin
salida que había junto a los cimientos de hormigón y ladrillo
de las vías. Descansaron. La vida se ajetreaba en la urbana
espesura que había sobre ellos.
Andrej era muy liviano pero empezaba a pesarles, y a cada
segundo que transcurría su masa parecía incrementarse.
Estiraron los doloridos brazos y hombros, respiraron
profundamente. A pocos metros de distancia, las
muchedumbres que emergían de la estación se agolpaban
para cruzar la salida y dirigirse a sus pequeñas guaridas.
Una vez hubieron descansado y reordenado su carga, se
prepararon y volvieron a ponerse en marcha, de nuevo por
callejuelas secundarias, a la sombra de la línea Sur, en
dirección al corazón de la ciudad, cuyas torres no eran
todavía visibles por encima de los kilómetros de casas que
los rodeaban: la Espiga y las torres de la estación de la calle
Perdido.
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