Page 796 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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juramentos que sonaba como las divagaciones de cualquier

            borracho. Formaba parte de su disfraz, al menos a medias.

            También estaba tratando de reunir fuerzas.

                —Vamos, cabrón —gruñó, tenso y con la voz muy baja—

            , vamos, vamos. Cabrón. Gilipollas. Escoria. Bastardo—no

            sabía a quién estaba insultando.

                Isaac  y  Yagharek  cruzaron  el  puente  lentamente,

            arrastrando a su compañero y su preciosa bolsa de equipo. El

            tráfico de peatones se abría delante de ellos, los dejaba pasar

            seguidos tan solo por mofas. No podían dejar que el oprobio

            creciera  y  se  tornara  confrontación.  Si  algunos  matones

            aburridos  decidían  pasar  el  rato  acosando  a  unos

            vagabundos, para ellos podía ser catastrófico.

                Pero  lograron  atravesar  el  Puente  Celosía,  donde  se

            sentían  aislados  y  a  campo  abierto,  donde  el  sol  parecía

            grabar sus perfiles y señalarlos para un ataque, y se perdieron

            en el interior de la Aduja. La ciudad pareció envolverlos con

            sus labios y volvieron a sentirse a salvo.

                Allí  había  otros  mendigos,  caminando  en  medio  de  los

            notables  locales,  los  villanos  con  pendientes,  los  gordos

            prestamistas y las señoras de labios apretados.

                Allí  había  calles  secundarias.  Isaac  y  Yagharek  podían

            apartarse  de  las  vías  principales  y  marchar  por  avenidas

            cubiertas de sombras. Pasaron bajo los tendederos de ropa

            que unían las terrazas de los altos y estrechos edificios. Eran

            observados por hombres y mujeres vestidos en ropa interior

            que  se  apoyaban  con  aire  holgazán  sobre  los  balcones

            mientras  flirteaban  o  charlaban  con  sus  vecinos.  Pasaron
            junto  a  montones  de  desperdicios  y  tapas  rotas  de

            alcantarillas y desde arriba los niños se inclinaban sobre ellos



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