Page 800 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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contuvo la respiración tanto como pudo, inhalando a través
de la manga de su asquerosa camisa cuando no le quedaba
más remedio.
Mientras ella y el Consejo conferenciaban, el resto de los
presentes mantenía una respetuosa distancia.
—Esta es casi la totalidad de mi congregación de vidas
con sangre —dijo el avatar—. Envié constructos móviles con
mensajes urgentes y, como puedes ver, los fieles se han
reunido —se detuvo y emitió un cloqueo inhumano—.
Debemos proceder —dijo—. Son las cinco y diecisiete
minutos.
Derkhan levantó la mirada hacia el cielo, que se oscurecía
lentamente anticipando el anochecer. Estaba segura de que
el reloj que utilizaba el Consejo, algún dispositivo enterrado
profundamente en los intestinos del vertedero, era preciso al
segundo.
En respuesta a una orden del avatar, la congregación
comenzó a abandonar el vertedero con paso tambaleante,
doblándose bajo el peso que transportaba. Antes de
marcharse, cada uno de sus miembros, uno detrás de otro, se
volvió hacia el lugar en el muro del vertedero en el que estaba
escondido el Consejo de los Constructos. Se detuvieron un
instante y realizaron con las manos los gestos devotos, ese
movimiento vago que sugería la imbricación de unas ruedas,
dejando el cable en el suelo cuando era necesario.
Derkhan los observaba con una sensación de
desesperación.
—Nunca lo lograrán —dijo—. Carecen de la fuerza
necesaria.
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