Page 801 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Muchos de ellos han traído carros —respondió el
avatar—. Se marcharán por turnos.
— ¿Carros...? —dijo Derkhan—. ¿De dónde los han
sacado?
—Algunos de ellos ya los poseían —dijo el avatar—.
Otros los han comprado o alquilado respondiendo a mis
órdenes. Ni uno solo ha sido robado. No podemos
arriesgarnos a atraer la atención ni las detenciones que
podrían producirse.
Derkhan apartó la mirada. El control que el Consejo
ejercía sobre sus seguidores humanos la perturbaba.
Mientras los últimos harapientos abandonaban el
vertedero, Derkhan y el avatar se acercaron a la cabeza
inmóvil del Consejo de los Constructos. El autómata yacía
de lado, convertido en un estrato más de basura, invisible.
Un rollo grueso y corto de cable aguardaba a su lado. Su
extremo estaba desgarrado, el grueso revestimiento de goma
carbonizado y partido en dos en los últimos treinta
centímetros, aproximadamente. De él sobresalía una
cabuyería de alambres sueltos.
Había un vodyanoi inmóvil en la cuenca de basura.
Derkhan lo vio, de pie, a pocos metros de distancia,
observando al avatar con nerviosismo. Le indicó con un
gesto que se aproximara. El se les acercó anadeando, ora
sobre cuatro patas, ora sobre dos, las grandes patas
palmeadas muy extendidas para permanecer firme sobre
aquel suelo traicionero. Su mono estaba fabricado en el
ligero y encerado material que los vodyanoi utilizaban a
veces: repelía el líquido, para que no se saturasen o se
volviesen pesados cuando los vodyanoi entraban en el agua.
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