Page 82 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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vientos urbanos y yo.
Vagamos juntos.
Hemos encontrado mendigos dormidos que se aferran
entre ellos, tratando de robarse el calor como criaturas
inferiores, forzados por la pobreza a descender de estrato
evolutivo.
Hemos visto a los porteadores nocturnos pescar muertos
de los ríos. A la milicia de oscuro uniforme empujando con
ganchos y pértigas los cuerpos hinchados, los ojos
arrancados de la cabeza, la sangre gelatinosa en sus
cuencas.
Hemos visto a criaturas mutantes arrastrarse desde las
alcantarillas a la luz de las estrellas, susurrándose tímidas,
trazando mapas y mensajes en el cieno fecal.
Me he sentado con el viento a mi lado y he visto cosas
crueles, execrables.
Me pican las cicatrices y los muñones. Estoy olvidando el
peso, el barrido, el movimiento de las alas. De no ser un
garuda rezaría. Pero no me arrodillaré ante espíritus
arrogantes.
A veces me acerco hasta el almacén en el que Grimnebulin
lee, escribe, y pinta garabatos, y me cuelgo en silencio del
tejado, y allí permanezco con la espalda sobre la pizarra. La
idea de tener toda la energía de su mente canalizada en el
vuelo, en mi vuelo, en mi liberación, reduce el picor de mi
espalda derrotada. El viento me acosa con más fuerza
cuando estoy aquí; se siente traicionado. Sabe que, de lograr
mi empeño, perderá a su compañero nocturno en la ciénaga
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