Page 85 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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                A Nueva Crobuzon no le convencía la gravedad.


                Los aeróstatos flotaban de nube en nube como babosas

            sobre repollos. Las cápsulas de la milicia recorrían el corazón

            de la ciudad hasta sus límites, los cables que las sostenían
            vibrando como cuerdas de guitarra a cientos de metros de

            altitud.  Los  dracos  se  abrían  paso  sobre  la  conurbación,

            dejando  un  rastro  de  defecación  y  profanamiento.  Las

            palomas compartían los cielos con las chovas, los azores, los

            gorriones y los periquitos fugados. Las hormigas voladoras

            y las avispas, las abejas y las moscardas, las mariposas y los

            mosquitos  libraban  una  guerra  aérea  contra  un  millar  de

            predadores, aspis y dheri que iban a por ellos. Los gólems

            ensamblados por estudiantes borrachos aleteaban sin mente
            por el cielo, con torpes alones de cuero, papel o corteza de

            fruta  que  se  caían  en  pedazos  en  su  travesía.  Incluso  los

            trenes,  que  desplazaban  incontables  hombres,  mujeres  y

            mercancías  por  la  gran  carcasa  de  Nueva  Crobuzon,

            bregaban para sostenerse sobre las casas, como si temieran

            la putrefacción de la arquitectura.

                La ciudad se erigía inmensa hacia los cielos, inspirada por

            las vastas montañas que se alzaban al oeste. Purulentas losas

            cuadradas de diez, veinte, treinta plantas horadaban el cielo.

            Estallaban  como  gruesos  dedos,  como  puños,  como  el

            muñón  de  miembros  que  se  agitaban  frenéticos  sobre  la

            marejada de las casas inferiores. Las toneladas de hormigón

            que conformaban la urbe cubrían la antigua geografía, los
            oteros y las vaguadas, ondulaciones todas aún visibles. Las

            casuchas  hendían  como  un  cono  de  desmoronamiento  las

            faldas  de  la  Colina  Vaudois,  el  Tábano,  la  Colina  de  la




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