Page 803 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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— ¿Sabes de qué va todo esto? —preguntó rápidamente al
vodyanoi, sin levantar la vista. Él le lanzó una mirada brusca
y luego se volvió hacia la delgada figura del avatar, todavía
visible frente a un telón de basura. Sacudió la cabeza de
grandes quijadas.
—No—respondió con rapidez—. Solo oí que... que el
MecaDios reclamaba nuestra presencia para una tarde de
trabajo. Oí sus órdenes al llegar aquí —su voz sonaba
bastante normal. El tono era seco pero despreocupado. Nada
de celos. Parecía un trabajador quejándose filosóficamente
por la pretensión de la dirección de la empresa de que
trabajara horas extra sin cobrar.
Pero cuando Derkhan, resollando a causa del esfuerzo,
empezó a preguntar más (« ¿Cada cuánto tiempo os reunís?
¿Qué otras cosas os pide que hagáis?»), la miró con miedo y
suspicacia y sus respuestas se tornaron monosílabos, luego
gestos de la cabeza y luego, rápidamente, nada en absoluto.
Derkhan también guardó silencio. Se concentró en cargar
con el enorme cable.
Los vertederos se extendían sin orden ni concierto hasta la
misma orilla del río. En torno al Meandro Griss, las riberas
eran paredes verticales de ladrillos resbaladizos que se
alzaban desde las negras aguas. Cuando el río bajaba crecido,
no más de un metro de la desmoronada arcilla prevenía una
inundación. En las demás ocasiones, había casi hasta tres
metros entre el borde del dique y la superficie agitada del
Alquitrán.
Desde el borde de los ladrillos mellados se alzaba una
valla de hierro y maderos y hormigón, construida años atrás
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