Page 806 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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chapoteo. Uno de los restos indistintos que flotaban en el río
empezó repentinamente a acercarse. Se movía contra
corriente.
Lentamente, Pengefinchess alzó la cabeza del agua.
Derkhan sonrió. Sentía un extraño y desesperado alivio.
—Muy bien —dijo Pengefinchess—. Ha llegado la hora
de mi último trabajo.
Derkhan asintió con una gratitud extraña.
—Está aquí para ayudar —dijo Derkhan al otro vodyanoi
que miraba a Pengefinchess con alarmada suspicacia—. Este
cable es demasiado grueso y pesado para que lo manejes por
ti solo. Si te metes en el agua, os lo iré bajando a los dos.
Tardó unos pocos segundos en decidir que los riesgos que
suponía la recién llegada eran menos importantes que el
trabajo que tenían entre manos. Miró a Derkhan presa de un
miedo nervioso y asintió. Anadeó rápidamente hasta la grieta
de la valla, se detuvo allí una fracción de segundo y entonces
dio un salto elegante y se sumergió en las aguas. Su
zambullida fue tan controlada que solo provocó un chapoteo
casi imperceptible.
Pengefinchess lo observó con suspicacia mientras se
acercaba nadando a ella.
Derkhan miró rápidamente a su alrededor y vio una tubería
metálica cilíndrica más gruesa que su muslo. Era muy larga
e increíblemente pesada pero, trabajando con urgencia,
ignorando sus músculos torturados, logró arrastrarla
centímetro a centímetro hasta la grieta de la valla y la encajó
a lo largo de la misma. Extendió los brazos, mientras el ardor
ácido de sus músculos la hacía encogerse. Regresó
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