Page 813 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 813
Alquitrán, donde un millar de rayos de sol se filtraban en
todas direcciones a través del pequeño oleaje.
Salieron a la superficie al mismo tiempo y recorrieron los
escasos metros que los separaban del muro del dique.
Había anillos de hierro oxidado clavados en los ladrillos,
formando una especie de tosca escalerilla hasta el paseo
fluvial que discurría por encima de ellos. El sonido de los
carruajes y los transeúntes flotaba a su alrededor.
Pengefinchess se ajustó ligeramente el arco sobre el
hombro para estar más cómoda. Miró al hosco macho y le
habló en lubbock, el lenguaje polisilábico y gutural que
compartía la mayoría de los vodyanoi orientales. Él hablaba
un dialecto urbano, contaminado por el ragamol de los
humanos, pero a pesar de todo podían entenderse.
— ¿Tus compañeros saben cómo encontrarte aquí? —
inquirió Pengefinchess con brusquedad. Él asintió (otro
rasgo humano que los vodyanoi de la ciudad habían
adoptado) —. Yo ya he terminado —le anunció—. Debes
encargarte del cable por ti solo. Puedes esperarlos. Yo me
marcho —él la miró, todavía hosco y volvió a asentir,
alzando la mano en un movimiento agitado que tal vez fuera
alguna forma de saludo—. Sé fecundo —dijo ella. Era la
despedida tradicional.
Se sumergió bajo la superficie del Alquitrán y se impulsó
para alejarse.
Pengefinchess nadó hacia el este, siguiendo la corriente
del río. Estaba en calma, pero una excitación creciente se
apoderaba de ella. No tenía planes ni lazos. De pronto, se
812

