Page 818 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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el muro asomaban en pequeños racimos la hiedra y la flor de

            la  pasión,  agitados  por  la  brisa.  Eran  los  jardines  del

            monasterio Vedneh Gehantock, atendidos por los disidentes

            cactos y los monjes humanos de esta deidad floral.

                Los  cuatro  hombres  descendieron  de  un  salto  del

            carromato y comenzaron a descargar herramientas y fardos

            de  pesado  cable.  Los  transeúntes  pasaban  a  su  lado,  los

            observaban un momento y los olvidaban.

                Uno de los hombres sostuvo el cable en alto contra el muro

            del monasterio. Su compañero levantó una gruesa abrazadera

            de hierro y un martillo, y con tres golpes rápidos lo ancló al

            muro el extremo del cable, a casi dos metros y medio de

            altura.  Los  dos  siguieron  adelante,  repitieron  la  operación

            tres  metros  más  hacia  el  oeste  y  luego  una  vez  más,
            moviéndose a lo largo de la pared a cierta velocidad.


                Sus  movimientos  no  eran  furtivos.  Eran  funcionales  y

            discretos. Los martillazos no eran más que otro ruido en el

            montaje del sonido de la ciudad.

                Los hombres desaparecieron al otro lado de una esquina

            de la plaza y se encaminaron hacia el oeste. Arrastraban el

            pesado  fardo  de  cable  aislante  con  ellos.  Los  otros  dos

            hombres se quedaron en el mismo lugar, esperando junto al

            extremo  del  cable,  cuyas  entrañas  de  cobre  y  aleación

            sobresalían como pétalos metálicos.

                La primera pareja transportó el cable a lo largo del sinuoso

            muro que se internaba en Hogar de Esputo, alrededor de las

            entradas traseras de los restaurantes y las entradas de servicio

            de las boutiques y los talleres de los carpinteros, hacia la zona
            de los burdeles y hacia el Cuervo, el bullicioso núcleo de

            Nueva Crobuzon.



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