Page 810 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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si la silueta dibujada con tinta del rostro de una joven se
hubiese trocado de pronto por la de una bruja). Todavía
seguía inclinado de lado, sin dar señales de vida.
El avatar extendió el brazo sobre la doble reja que hacía
las veces de metálica dentadura del Consejo. Detrás de una
de las enormes luces que Derkhan supo que eran sus ojos, un
nudo enmarañado de cables y tubos y tuberías se soltó de un
compartimiento, en cuyo interior operaban las válvulas
tartamudeantes de un motor analítico de vasta complejidad.
Era la primera señal de que el gran constructo era
consciente. Derkhan creyó ver el tenue resplandor de una luz,
creciendo y menguando, en el interior de los enormes ojos
del Consejo.
El avatar colocó el cable en posición, a un lado del cerebro
analógico, uno de los muchos que formaban la peculiar e
inhumana consciencia del Consejo. Desenroscó varios de sus
gruesos alambres y otros tantos del violento despliegue de
metal que era la cabeza del autómata. Derkhan apartó la
mirada, asqueada, mientras el avatar ignoraba plácidamente
el modo en que el afilado metal provocaba profundos
desgarrones en su carne y la sangre espesa y gris se
derramaba en espesos borbotones sobre su piel putrefacta.
Comenzó a enlazar el Consejo con el cable, enroscando
alambres del grosor de un dedo para convertirlos en un todo
conductor, introduciendo conexiones en enchufes que
chisporroteaban con negros destellos, examinando los brotes
de cobre, plata y cristal, aparentemente carentes de sentido,
que emergían del cerebro del Consejo de los Constructos,
eligiendo algunos, girando y descartando otros, trenzando el
mecanismo en una configuración de una complejidad
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