Page 815 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 815
de Manes y Gran Aduja: allí, edificios pegajosos y cubiertos
de brea, de diseño palpablemente humano, habían sido
construidos sin más en el propio río, décadas atrás, para que
se fueran desmoronando de manera muy poco sanitaria en las
aguas. Aquellos eran los barrios bajos de los vodyanoi.
Aquí, por el contrario, el agua fría y clara que descendía
desde las montañas podía conducir a través de algún
pasadizo cuidadosamente tallado que discurría bajo la
superficie, hasta llegar a una casa de la ribera del río
construida por completo en mármol blanco. Su fachada
estaría diseñada con sumo gusto para asemejarse a las de las
casas humanas situadas a ambos lados, pero en su interior
sería un hogar vodyanoi: portales vacíos que conectaban
habitaciones enormes por encima y por debajo del agua;
esclusas que cambiaban el agua cada día.
Pengefinchess cruzó el barrio rico de los vodyanoi
nadando a mucha profundidad. Conforme el centro de la
ciudad quedaba más y más lejos de ella, su felicidad iba en
aumento y se permitía relajarse. Experimentaba un gran
placer en su marcha.
Extendió los brazos y envió un pequeño mensaje mental a
su ondina; esta se desprendió de su piel atravesando los poros
del vestido suelto de algodón que llevaba. Después de días
entre sequedad, alcantarillas y desperdicios fluviales, el
elemental se alejó ondulando a través de las aguas más puras,
dando vueltas de gozo, libre, una extensión de agua cuasi
viva en medio de la corriente del río.
Pengefinchess la sintió nadando delante de sí y la siguió
con ánimo juguetón, extendió la mano hacia ella y cerró los
dedos alrededor de su sustancia. La criatura se revolvió con
814

