Page 821 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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trabajar  en  la  dura  reja,  encogiéndose  ante  el  chirriar  del

            metal.

                —Deprisa —dijo la figura invisible que había debajo—.

            Alguien ha estado siguiéndonos.


                Cuando hubo terminado de cortar la reja, el hombre del
            patio introdujo el cable en el irregular agujero. Su compañero

            observaba la perturbadora escena. Era como una especie de

            grotesca inversión de un parto.


                Los  hombres  del  subterráneo  sujetaron  el  cable  y  lo

            arrastraron a la oscuridad de las alcantarillas. Los metros de

            cable enrollado que aguardaban en el tranquilo y apartado
            patio empezaron a desplegarse por las venas de la ciudad.


                El  niño  observaba  con  curiosidad  mientras  los  dos

            hombres se secaban las manos en los monos. Cuando el cable

            estuvo tirante, cuando hubo desaparecido por completo bajo
            el suelo, tendido en un ángulo agudo y tenso alrededor de la

            esquina  del  pequeño  callejón,  se  alejaron  rápidamente  de

            aquel agujero sombrío.


                Mientas  doblaban  el  recodo,  uno  de  ellos  levantó  la

            mirada, volvió a guiñar un ojo y desapareció de la vista del

            pequeño.

                En  la  calle  principal,  los  dos  hombres  se  separaron  sin

            decir palabra y se alejaron en direcciones diferentes bajo el

            sol poniente.




                En el monasterio, los dos hombres que esperaban junto al
            muro estaban mirando hacia arriba. En el edificio situado al

            otro lado de la calle, una mole de hormigón moteada por

            manchas de humedad, habían aparecido tres hombres sobre




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