Page 823 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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a cogerlo. Este soltó un aullido pero lo sostuvo. Mantuvo el
extremo por encima de su cabeza y tiró de él hasta tensarlo
todo lo que pudo a lo largo del espacio que separaba ambos
edificios.
Sostuvo el pesado cable contra la pared del monasterio y
se colocó de tal modo que correspondiese perfectamente con
el pedazo que ya estaba asegurado al muro del jardín de
Vedneh Gehantock. Su compañero lo fijó con varios
martillazos.
El negro cable cruzaba la calle sobre las cabezas de los
transeúntes, descendiendo en un ángulo empinado.
Los tres hombres de la escalera de incendios se inclinaron
hacia abajo y observaron la frenética laboriosidad de sus
compañeros. Uno de estos empezó a enroscar las marañas de
enormes alambres para conectar los materiales conductores.
Trabajó rápidamente hasta que los dos extremos del fibroso
metal estuvieron unidos en un nudo grueso pero funcional.
Abrió su caja de herramientas y extrajo dos pequeñas
botellas. Las sacudió durante breves instantes, abrió el tapón
de una de ellas y vertió rápidamente su contenido sobre los
alambres. El viscoso líquido se filtró y saturó la conexión. El
hombre repitió la operación con la segunda botella. Cuando
los dos líquidos se encontraron se produjo una audible
reacción química. El hombre retrocedió, extendiendo el
brazo para poder seguir vertiendo el líquido, y cerró los ojos
mientras empezaba a brotar humo del metal cada vez más
caliente.
Los dos productos químicos se encontraron, se mezclaron,
entraron en combustión y empezaron a despedir gases
tóxicos con un estallido rápido de calor lo suficientemente
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