Page 826 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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equipos de reserva permanecieron ociosos.
Un gran circuito sinuoso fue construido a lo largo de la
ciudad. Discurría a lo largo de más de tres kilómetros de
texturas: su piel de goma color negro mate se deslizaba bajo
limos fecales; a lo largo de moho y papel putrefacto; a través
de la maleza, de franjas de hierba cubiertas de ladrillos,
perturbando los rastros de gatos salvajes y niños de las calles;
sembrando los surcos de la piel de la arquitectura, empapada
con los coágulos granulados de polvo de ladrillo húmedo.
El cable era inexorable. Avanzaba, desviando su camino
aquí y allá brevemente con pequeñas curvas, abriendo una
vereda por el mismo centro de la ciudad. Estaba tan resuelto
como esos peces que van a desovar, abriéndose camino con
todas sus fuerzas a través del monolito erguido del centro de
Nueva Crobuzon.
El sol que empezaba a hundirse tras las colinas del oeste,
las tornaba magnificentes y portentosas. Pero ni siquiera
ellas podían competir con la majestad de la estación de la
calle Perdido.
Las luces parpadeaban a lo largo de su topografía, vasta e
indigna de confianza, mientras recibía los ahora brillantes
trenes en sus entrañas como ofrendas. La Espiga perforaba
las nubes como una lanza presta, pero no era nada comparada
a la estación: una pequeña addenda de hormigón al gran
leviatán de mala fama que se desparramaba en obsesa
satisfacción sobre el mar de la ciudad.
El cable serpenteaba hacia él sin pausa, alzándose y
descendiendo sobre la superficie de Nueva Crobuzon en alas
de su oleaje.
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