Page 828 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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La propia calle Perdido era una vía estrecha y alargada que
discurría perpendicular a la calle BilSantum y se encaminaba
sinuosamente hacia el este, en dirección a Gidd. Nadie sabía
por qué antaño había sido lo bastante importante como para
darle su nombre a la estación. Estaba empedrada y sus casas
no eran demasiado escuálidas, aunque estaban en mal estado
de conservación. Puede que una vez hubiera señalado el
límite norte de la estación, pero había sido superada hacía
mucho tiempo. Los almacenes y las salas de la estación se
habían extendido y abierto una brecha en la pequeña calle.
Habían saltado sobre ella sin esfuerzo y se habían
extendido como el moho sobre el paisaje de tejados que se
abría más allá, transformando la hilera de edificios adosados
que se extendía al norte de la calle BilSantum. En algunos
lugares, la calle Perdido estaba abierta al cielo: en todos los
demás, quedaba cubierta por techos alargados, con bóvedas
de ladrillos ornamentadas con gárgolas o enrejados de
madera o hierro. Allí, a la sombra del vientre de la estación,
estaba iluminada permanentemente por lámparas de gas.
La calle Perdido seguía siendo residencial. Cada día, las
familias se levantaban bajo el oscuro cielo de la arquitectura,
recorrían el sinuoso paseo que los separaba del trabajo,
entrando y saliendo de las sombras.
El ruido de las botas pesadas resonaba a menudo desde
arriba. La entrada de la estación y gran parte de su superficie
superior estaban custodiadas. Guardias de seguridad,
soldados extranjeros y milicianos, algunos de uniforme y
otros de paisano, patrullaban por la fachada y el montañoso
paisaje de arcilla y pizarra que la rodeaba, protegiendo los
bancos y las tiendas, las embajadas y las oficinas
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