Page 831 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Puede  que  no  estuviera  haciendo  nada  —dijo  ella  al

            fin—. Pero me sentiría más segura un piso o dos más arriba,

            por si oímos llegar a alguien.

                Era  mucho  más  fácil  moverse  ahora  que  Isaac  podía

            obligar a Andrej a avanzar a punta de pistola sin miedo a ser

            visto.  Subieron  por  las  escaleras,  dejando  huellas  en  los

            peldaños cubiertos de carbonilla.

                En el piso más alto las ventanas no estaban cubiertas por

            cristal o madera y podían contemplar, al otro lado de un corto

            trecho  de  pizarra,  el  escalonado  monolito  de  la  estación.

            Esperaron hasta que la oscuridad del cielo se hizo más densa.

            Por fin, bajo el parpadeo tenue de los chorros de gas de color

            naranja, Yagharek salió por la ventana y se dejó caer con

            suavidad frente al muro cubierto de moho que había más allá.
            Recorrió  sigilosamente  los  apenas  dos  metros  que  lo

            separaban de la ininterrumpida sucesión de tejados que a su

            vez conectaba el puñado de edificios a la línea Dexter y la

            estación de la calle Perdido. Esta se alzaba, pesada y enorme,

            hacia  el  oeste,  moteada  por  racimos  irregulares  de  luces,

            como una constelación confinada a la tierra.

                Yagharek era una figura apenas visible en el perfil de la

            ciudad. Escudriñó el paisaje de chimeneas y tejas de pizarra.

            Nadie lo estaba vigilando. Se volvió hacia la oscura ventana

            y les indicó a los demás que lo siguieran.




                Andrej  era  viejo,  tenía  el  cuerpo  rígido  y  le  resultaba

            difícil caminar por los estrechos caminos que seguían. No

            podía superar los saltos de metro y medio que de tanto en
            cuanto habían de atravesar. Isaac y Derkhan lo ayudaban,

            sosteniéndolo  o  sujetándolo  con  una  gentil  y  macabra



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