Page 832 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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asistencia mientras su compañero le apuntaba al cerebro con
el arma.
Le habían desatado los miembros para que pudiese
caminar y trepar, pero habían dejado la mordaza en su lugar
para acallar sus sollozos y gemidos.
El anciano avanzaba tambaleándose, confuso y miserable
como un alma en la antesala del Infierno, acercándose más y
más a su inevitable fin con pasos agonizantes.
Los cuatro recorrían aquel paisaje de tejados que discurría
paralelo a la línea Dexter. Pasaron junto a ellos en ambas
direcciones unos trenes de hierro que aullaban y expulsaban
grandes bocanadas de humo mugriento a la luz menguante.
Continuaron lentamente su marcha, hacia la estación que se
erguía frente a ellos.
No pasó mucho tiempo antes de que la naturaleza del
terreno cambiara. Los tejados en ángulo cedieron su lugar
conforme la masa de la estación se alzaba a su alrededor.
Ahora tenían que utilizar las manos para avanzar. Se abrieron
camino por pequeños caminos de hormigón, rodeados por
muros cubiertos de ventanas; se agacharon bajo enormes
portillas y tuvieron que subir cortas escalerillas que
serpenteaban entre torres achaparradas. La maquinaria oculta
hacía zumbar el enladrillado. Para ver el tejado de la estación
de la calle Perdido ya no tenían que mirar hacia delante, sino
hacia arriba. Habían atravesado la nebulosa frontera en la que
terminaban las calles de casas adosadas y comenzaban las
primeras estribaciones de la estación.
Trataron de no tener que trepar, arrastrándose alrededor de
los bordes de promontorios de ladrillo semejantes a dientes
afilados y siguiendo accidentales pasajes. Isaac empezó a
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