Page 90 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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profesión de la que no se esperase que invocara un hechizo o

            mirara un tubo de ensayo en toda su vida. Del mismo modo,

            los  del  Barrio  Oseo,  en  su  mayor  parte,  no  estaban  más

            interesados en burlar la ley de forma sistemática que el resto
            de  Nueva  Crobuzon.  No  obstante,  Brock  siempre  sería  el

            Distrito Científico, y Oseo el de los Ladrones. Y, allí donde

            aquellas dos influencias se encontraban (esotérica, furtiva,

            romántica y, en ocasiones, peligrosa), estaba el Hijas de la

            Luna.


                Con un cartel que mostraba los dos pequeños satélites que
            orbitaban la Luna como hermosas y engoladas jóvenes, y una

            fachada  pintada  de  escarlata,  el  Hijas  de  la  Luna  era

            destartalado  pero  atractivo.  En  el  interior,  la  clientela

            consistía  en  los  bohemios  más  aventureros  de  la  ciudad:

            artistas,  ladrones,  científicos  proscritos,  yonquis  e

            informadores de la milicia que se codeaban ante la mirada de

            la dueña del local, Kate la Roja.

                El mote de Kate hacía referencia a su cabello de jengibre

            e, Isaac había creído siempre, a la acusación pendiente sobre

            la creativa bancarrota de sus patrones. Era muy fuerte, con

            un buen ojo para saber a quién sobornar y a quién rehuir, a
            quién sacudir y a quién ablandar con una cerveza gratis. Por

            ese  motivo  (y,  según  sospechaba  Isaac,  por  una  cierta

            capacidad  con  un  par  de  sutiles  encantamientos

            taumatúrgicos), el Hija de la Luna negociaba una senda tan

            exitosa como precaria, evadiendo las mafias de protección de

            la zona. La milicia no hacía muchas redadas en el local de

            Kate, y solo de forma superficial. La cerveza era buena, y no

            hacía preguntas sobre lo que se trataba en las mesas.

                Aquella  noche,  Kate  saludó  a  Isaac  con  un  breve




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