Page 88 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Se tumbó en la cama y miró por la ventana. Siguió una
mota de polvo tras otra con la mirada. A su alrededor, en la
cama, desparramados sobre el suelo como una marea de
papel, había libros y artículos, notas mecanografiadas y
pliegos de diagramas entusiastas, las clásicas monografías
anidadas en los delirios de un loco. La Biología y la Filosofía
luchaban por el espacio en su mesa.
Había seguido como un sabueso la retorcida pista
bibliográfica. No podía ignorar algunos títulos: Sobre la
gravedad o La teoría del vuelo. Otros eran tangenciales,
como Aerodinámica del enjambre.
Y otros no eran más que caprichos de los que sus
respetados colegas sin duda se reirían; por ejemplo, aún tenía
que hojear las páginas de Moradores sobre las nubes o ¿Y
qué pueden contarnos?
Se rascó la nariz y bebió con pajita un sorbo de la cerveza
que se balanceaba sobre su pecho.
Solo llevaba dos días trabajando en el encargo de
Yagharek, y para él la ciudad había cambiado por completo.
Se preguntaba si regresaría a su anterior estado.
Giró sobre un costado y revolvió entre los papeles que
tenía debajo y que le incomodaban. Liberó una colección de
oscuros manuscritos y un fajo de los heliotipos que había
tirado de Teparadós. Isaac sostenía las imágenes frente a él,
examinando las complejidades de la musculatura del draco,
al que había pedido que forzara sus movimientos.
Espero que no lleve demasiado, pensó.
Había pasado el día leyendo y tomando notas, gruñendo
educadamente cuando David o Lublamai le saludaban, le
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