Page 93 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Palgolak era un dios del conocimiento. Se le representaba
bien como un hombre grueso y achaparrado leyendo en una
bañera, bien como un esbelto vodyanoi en la misma actitud;
o, de algún modo místico, como ambas cosas. Su
congregación constaba de humanos y vodyanoi a partes más
o menos iguales. Era una deidad amistosa y afable, un sabio
cuya existencia estaba por completo dedicada a la obtención,
catalogación y diseminación de información.
Isaac no adoraba a dios alguno. No creía en la
omnisciencia o la omnipotencia proclamada por unos pocos,
o incluso en la existencia de muchos. Desde luego, había
criaturas y esencias que moraban en distintos aspectos de la
existencia, y sin duda algunos serían poderosos, en términos
humanos. Pero adorarlos le parecía una actividad pávida. No
obstante, incluso él tenía un lugar en su corazón para
Palgolak. En realidad esperaba que ese gordo hijo de puta
existiera, en una u otra forma. Le gustaba la idea de una
entidad interaspectual tan enamorada del conocimiento que
no hiciera más que rondar de reino en reino, metido en una
bañera, murmurando con interés ante todo lo que encontrara.
La biblioteca de Palgolak era por lo menos igual a la de la
universidad de Nueva Crobuzon. No hacía prestamos, pero
sí admitía lectores a cualquier hora del día y de la noche, y
había muy, muy pocos libros a los que no permitiera el
acceso. Los palgolaki eran proselitistas, y sostenían que todo
aquello que un fiel conociera era de inmediato conocido por
Palgolak, motivo por el que tenían el deber religioso de leer
con avidez. Pero la gloria de Palgolak era su misión
secundaria. La principal era la del conocimiento, por lo que
habían jurado admitir en su biblioteca a cualquiera que
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