Page 913 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sobre ellos.
No lo hizo. Permaneció quieta mientras moría.
Cuando estuvo seguro de que la polilla asesina estaba
muerta, Motley envió a sus hombres y sus mujeres arriba y
abajo en rápidas columnas, con toallas mojadas y mantas
para apagar el fuego que la criatura había dejado a su paso.
Pasaron veinte minutos antes de que estuviera controlado.
Las vigas y los tablones del ático estaban doblados y
manchados de humo. Había enormes huellas de madera
carbonizada y pintura ampollada por todo el pasillo. El
cuerpo humeante de la polilla descansaba en lo alto de las
escaleras, un irreconocible cuajo de carne y tejido, retorcido
por el calor en una forma aún más exótica de la que había
tenido en vida.
—Grimnebulin y sus amigos hijos de puta han debido de
irse —dijo Motley—. Buscadlos. Descubrid adónde han ido.
Encontrad su pista. Seguidla. Esta noche. Ahora.
No resultó difícil saber cómo habían escapado, por la
ventana y el tejado. Sin embargo, desde allí podían haberse
dirigido en cualquier dirección. Los hombres de Motley se
agitaron y se miraron incómodos los unos a los otros.
—Moveos, basura rehecha—bramó Motley—.
Encontradlos ahora mismo, seguid su rastro y traédmelos.
Aterrorizados grupos de rehechos, humanos, cactos y
vodyanoi, abandonaron la guarida de Motley y se
desperdigaron por la ciudad. Hicieron planes vanos,
compararon notas, corrieron frenéticamente hasta Sunter,
hasta Ecomir y Prado del Señor, hasta Arboleda y la Colina
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