Page 917 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Es como si un suave sollozo, una exhalación masiva de
alivio y languidez recorriera toda la ciudad. Una oleada de
calma sopla desde la noche, desde el oeste, desde Hiel y el
Meandro de las Nieblas hacia Gran Aduja, hasta Sheck y la
Ciénaga Brock, Prado del Señor, la Colina Mog y el Parque
Abrogate.
La ciudad es liberada en una marejada de sueños. Sobre
los montones de paja orinada de Ensenada y los catres de
los barrios bajos, en las gruesas camas de plumas de
Chnum, amontonados o solos, los ciudadanos de Nueva
Crobuzon duermen a pierna suelta.
La ciudad se mueve sin pausa, por supuesto, y no hay
tregua para los trabajadores nocturnos del puerto, o para el
clamor del metal cuando las cuadrillas de los turnos de
noche entran en los molinos y las fundiciones. La oscuridad
está puntuada de sonidos imperiosos, sonidos como de
guerra. Los vigilantes siguen apostados en las puertas de las
fábricas. Las putas buscan clientes donde pueden. Sigue
habiendo crimen. La violencia no se disipa.
Pero ni los que duermen ni los que están despiertos son
perseguidos ya por fantasmas. Sus miedos solo les
pertenecen a ellos mismos.
Como un inconcebible gigante dormido, Nueva Crobuzon
se agita cómodamente en su sueño.
Había olvidado el placer de una noche como esta.
Cuando el sol me despierta, mi cabeza está más clara. No
me duele.
Hemos sido liberados.
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