Page 914 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Mog, incluso hasta Malado, cruzando el río hasta la Ciénaga

            Brock, hasta Gidd Oeste y Griss Bajo y la Sombra y Salpetra.

                Podrían haberse cruzado con Isaac y sus compañeros un

            millar de veces.


                En Nueva Crobuzon existía una infinidad de escondites.
            Había muchos más escondites que personas para guarecerse

            en ellos, las tropas de Motley no tenían la menor posibilidad.


                En noches como aquella, cuando la lluvia y las luces de

            las farolas cubrían todas las líneas y esquinas del complejo

            de  la  ciudad  (un  palimpsesto  de  árboles  sacudidos  por  el

            viento y arquitectura y sonido, ruinas antiguas, oscuridad,
            catacumbas,  solares  de  obra,  casas  de  huéspedes,  tierras

            baldías,  luces  y  bares  y  alcantarillas),  era  un  lugar

            interminable, recursivo, secreto.




                Los hombres de Motley volvieron a casa con las manos

            vacías, asustados.




                Motley gritó y gritó a la estatua inacabada que se burlaba

            de  él,  perfecta  e  incompleta.  Sus  hombres  registraron  el

            edificio por si alguna pista se les había pasado por alto.

                En la última habitación del pasillo del ático encontraron a

            un soldado, sentado con la espalda contra la pared, comatoso

            y solo. Un extraño y hermoso mosquete de cristal descansaba

            sobre su regazo. Junto a sus pies, alguien había grabado sobre

            la madera una partida de tres en raya.

                Las cruces habían ganado, en tres movimientos.




                Corremos y nos escondemos como alimañas perseguidas,


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