Page 920 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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consumida. La mitad de su mente, la mitad de sus sueños

            habían recorrido ya la garganta de la bestia vampírica. Han

            desaparecido, consumidos por jugos intestinales y luego por

            el fuego de los hombres de Motley.

                Lin despierta contenta, parlotea animadamente con las

            manos, agita los brazos a su alrededor para ponerse en pie

            y no puede hacerlo, cae y llora o se ríe de forma cínica, sus

            mandíbulas castañetean, se mancha como una niña pequeña.

                Empieza a dar sus primeros pasos por nuestro tejado con

            su media mente. Indefensa. Destruida. Un insólito remiendo

            de risa infantil y sueños adultos, un habla extraordinaria e

            incomprensible, compleja y violenta y pueril.

                Isaac está destrozado.




                Nos trasladamos de tejado, inquietados por ruidos que

            llegan desde abajo. Lin tiene una rabieta mientras

            caminamos, enloquecida por nuestra incapacidad para

            comprender su extraño torrente de palabras. Golpea el suelo

            con el tacón, abofetea débilmente a Isaac. Hace señales que

            son insultos crueles, trata de alejarnos a patadas.

                La controlamos, la abrazamos con fuerza, la sujetamos y

            nos la llevamos.




                Nos movemos de noche. Tememos a la milicia y a los

            hombres de Motley. Vigilamos en busca de constructos que

            puedan avisar al Consejo. Estamos atentos a movimientos
            bruscos y miradas sospechosas. No podemos fiarnos de

            nuestros vecinos. Debemos vivir en un hinterland de media

            oscuridad, asilado y solipsista. Robamos lo que necesitamos




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