Page 945 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 945
puto látigo?
Que los jodan, pensó repentinamente, mientras miraba las
piezas del motor de crisis. No le debo ningún respeto a sus
leyes. Liberad a los prisioneros. Eso es lo que el Renegado
Rampante decía siempre.
Pero los garuda del Cymek no vivían como los ciudadanos
de Nueva Crobuzon. No tenían jueces, recordó Isaac, ni
tribunales ni fábricas de castigo, ni canteras ni vertederos
para llenar con rehechos, ni milicia ni políticos. El castigo no
era administrado por jefes ambiguos.
O eso era lo que le habían dicho. Eso recordaba. «La
bandada votó», había dicho Kar'uchai.
¿Era cierto? ¿Cambiaba eso las cosas?
En Nueva Crobuzon, el castigo era siempre para alguien.
Servía a algún interés. ¿Era eso diferente en el Cymek?
¿Volvía el crimen menos atroz?
¿Era un violador garuda peor que uno humano?
¿Quién soy yo para juzgar?, pensó Isaac, presa de una
cólera súbita; se precipitó hacia el motor y recogió sus
cálculos, dispuesto a continuar, pero entonces, ¿Quién soy yo
para juzgar?, pensó, sumido en una brusca incertidumbre
vacía, mientras sentía como si le arrebatasen la tierra bajo los
pies; dejó lentamente sus papeles en el suelo.
Miraba los muslos de Lin. Sus magulladuras casi habían
desaparecido, pero su recuerdo seguía siendo una mancha tan
salvaje como antes.
La habían marcado en sugestivos patrones multicolores
alrededor del bajo vientre y en el interior de los muslos.
Lin se agitó y despertó y lo abrazó y lo apartó de sí con
944

