Page 950 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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arrugó—. ¿Es...? ¿Qué es? ¿De verdad es tan terrible? ¿Es
tan malo que... que cancela todo lo demás? ¿Tan terrible es?
Isaac cerró los ojos.
—No... sí. No es tan sencillo. Te lo explicaré cuando nos
vayamos. No voy a ayudarlo, eso es lo fundamental. No
puedo, no puedo, joder, Dee. Y tampoco puedo verlo. No
quiero verlo. Así que aquí no queda nada para nosotros. Así
que podemos irnos. De veras, debemos irnos.
Derkhan discutió, pero brevemente y sin convicción.
Mientras decía que no estaba segura, había empezado ya a
recoger su diminuta bolsa de ropa y su pequeño cuaderno de
notas. Estaba atrapada en la estela de Isaac.
Garabateó una pequeña adenda en el reverso de la nota de
Isaac, sin abrirla. «Buena suerte, escribió. Volveremos a
vernos. Siento desaparecer tan repentinamente. Ya sabes
cómo salir de la ciudad. Ya sabes lo que hacer». Se detuvo
durante un largo momento, sin saber cómo despedirse, y
entonces escribió, «Derkhan». Volvió a dejar la carta en su
sitio.
Se cubrió con la bufanda, dejó que su nuevo cabello negro
se deslizara sobre sus hombros. Se rascó la cicatriz de su
destrozada oreja izquierda. Miró por la ventana. En el
exterior, la tarde espesaba el cielo. Entonces se volvió, pasó
con gentileza un bazo alrededor de Lin y la ayudó a caminar
a su errática manera.
Lentamente, los tres bajaron.
—Hay un grupo de tíos en el Meandro de las Nieblas —
dijo Derkhan—. Hombres de las barcazas. Pueden llevarnos
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