Page 947 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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implicaría  un  juicio,  que  no  significaría  que  pretendía

            conocer  los  hechos, que  no  sería más  que  una manera  de

            decir, «Esto me supera. No es asunto mío». Pero no lograba

            convencerse.

                Se desplomó y exhaló un miserable gemido de cansancio.

            Si le daba la espalda a Yagharek, se dio cuenta, dijera lo que

            dijera,  se  sentiría  como  si  hubiera  juzgado  y  hubiera

            encontrado culpable a su amigo. Y no podía hacer eso, no

            cuando no conocía el caso.

                Pero en alas de ese pensamiento vino otro: su reverso, su

            contrapunto.

                Si negarle su ayuda significaba un juicio negativo que no

            podía hacer, pensó Isaac, entonces la ayuda, el devolverle la

            capacidad de volar, implicaría que las acciones de Yagharek

            eran aceptables.

                Y eso, pensó Isaac sumido en fría repugnancia y cólera, no

            lo aceptaría.




                Dobló cuidadosamente sus notas, sus ecuaciones a medio

            terminar, sus fórmulas garabateadas, y empezó a guardarlas.




                Cuando Derkhan regresó, el sol estaba bajo y el cielo se

            empapaba de nubes del color de la sangre. Llamó a la puerta

            con la cadencia rápida que habían convenido y pasó junto a

            Isaac cuando este la abrió.

                —Hace  un  día  maravilloso  —dijo  con  tristeza—.  He

            estado husmeando discretamente por todo el lugar, dándole

            vueltas a algunas pistas, a algunas ideas... —se volvió para

            mirarlo y al instante quedó inmóvil.



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