Page 954 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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orgullosamente el corazón del parque. Donde vándalos
románticos graban el nombre de sus amantes en las piedras
ancestrales. El pequeño edificio ya estaba abandonado un
millar de años antes de que se plantasen los cimientos de
Nueva Crobuzon. El dios al que estaba consagrado murió.
Algunas personas vienen de noche para honrar a su
fantasma con teología tenue, desesperada.
Hoy he visitado el Aullido. He visto el Vado de Manes.
Estuve de pie frente a un muro gris en Barracán, la piel
cuarteada de una factoría muerta, y leí todas las pintadas.
Fui estúpido. Corrí riesgos. No permanecí
cuidadosamente escondido.
Me sentí casi embriagado por aquel pequeño jirón de
libertad, estaba ansioso por tener más.
De modo que regresé por fin recorriendo la noche a aquel
sórdido y olvidado ático, a la brutal traición de Isaac.
Qué golpe a la fe, qué crueldad.
Vuelvo a abrirla (ignorando las patéticas y pequeñas
palabras de Derkhan, semejantes a una pizca de azúcar en
un veneno). La extraordinaria tensión de las palabras
parece hacerlas reptar. Puedo ver a Isaac, zarandeado por
tantas cosas mientras escribe. El absurdo sinsentido.
Cólera, severa desaprobación. Miseria verdadera.
Objetivismo. Y alguna extraña camaradería, una disculpa
avergonzada.
...hoy ha venido alguien a visitarnos... leo... en estas
circunstancias...
En estas circunstancias. En estas circunstancias huiré de
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