Page 953 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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ciudad nocturna. Isaac y Derkhan guiaron cuidadosamente a

            Lin  a  través  de  las  afueras  de  Ecomir  y  Arboleda,  en

            dirección sur, rodeados por los trenes, hacia el río.

                El Gran Alquitrán, resplandeciendo hermosamente bajo el

            neón y la luz de gas, su polución oscurecida por los reflejos;

            y los muelles llenos de esbeltos navíos con pesadas velas y

            buques de vapor que se filtraban iridiscentes por las aguas,

            barcos mercantes arrastrados por aburridos dracos marinos

            enjaezados  a  enormes  bridas,  torpes  cargueros-factoría

            erizados de grúas y martillos pilones; barcos para los que
            Nueva Crobuzon no era más que otra parada en su travesía.




                En el Cymek, llamamos mosquitos a los pequeños satélites

            de la Luna. Aquí en Nueva Crobuzon los llaman sus hijas.


                La habitación está llena con la luz de la Luna y de sus
            hijas, y vacía de todo lo demás.


                Llevo aquí mucho tiempo, con la carta de Isaac en la

            mano.

                Dentro de un momento, volveré a leerla.




                Escuché la vaciedad de la ruinosa casa desde las

            escaleras. Los ecos remitían durante demasiado tiempo.

            Supe antes de tocarla puerta que el ático estaba desierto.

                Llevaba horas fuera, buscando una espuria y titubeante

            libertad por la ciudad.


                Vagué entre los bonitos jardines de Sobex Croix, a través

            de zumbantes nubes de insectos y junto a los estanques

            esculpidos llenos de aves sobrealimentadas. Encontré las

            ruinas del monasterio, la pequeña concha que esconde


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