Page 108 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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La mujer se giró y caminó —no, se deslizó, de tan
suaves eran sus movimientos— hacia la puerta del
dormitorio.
Padre salió de un salto de detrás de la roca y
embistió con Cola de golondrina.
Ella se apartó de su camino como si tuviera ojos en
la nuca. Incapaz de detenerse, mi padre clavó la espada
en la gruesa puerta de madera con un golpe sordo. Tiró
de ella, pero no pudo liberarla de inmediato.
La mujer lo miró, luego se dio media vuelta y se
encaminó hacia el portalón del patio.
—¡No te quedes ahí plantado, Liang! —gritó
padre—. ¡Se va a escapar!
Corrí hacia ella, llevando conmigo la vasija de
arcilla llena de meadas de perro. Mi misión consistía en
salpicarla con ellas para que no pudiera transformarse
en zorro y escapar.
Ella se volvió hacia mí y me sonrió.
—Eres un muchacho muy valiente —me dijo. Me
envolvió un aroma de jazmines floreciendo bajo la
lluvia primaveral. Su voz era como pasta de semillas de
loto fría y dulce, y deseé poder oírla hablar eternamente.
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