Page 277 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
P. 277

lado del pasajero y le ofreció la oportunidad de escapar


             en su coche. El hombre se lo agradeció y le dijo que se

             llamaba Daga.



                    Daga era bastante locuaz y le contó al Observador

             que,  en China, los dirigentes del Partido despertaban

             irritación y envidia entre la población del país, porque


             vivían  a  lo  grande  gracias  al  dinero  que  sacaban

             exprimiendo a la gente corriente, aceptaban sobornos y

             desviaban  fondos  públicos  hacia  sus  parientes.  Él


             escogía como víctimas a aquellos turistas que le parecía

             que podían ser hijos o cónyuges de esos dirigentes, y se

             consideraba un Robin Hood de nuestros días.



                    No obstante, estos altos cargos tampoco gozaban de

             inmunidad plena. Bastaba con algún escándalo público,


             por lo general que tuviera que ver con alguna joven que

             no  fuera  su  esposa.  La  gente  no  se  entusiasmaba

             hablando  de  la  democracia,  pero  se  subía  por  las


             paredes  cuando  algún  gerifalte  le  pasaba  sus

             chanchullos por la cara. Así que el aparato del Partido

             no  tenía  más  remedio  que  castigar  a  los  funcionarios


             desacreditados,  habida  cuenta  de  que  lo  único  que

             temía  era  la  ira  de  la  opinión  pública,  que  siempre

             amenazaba con escapar a su control. Si algún día llegaba

             a  estallar  una  revolución  en  China,  bromeó  Daga,  el




                                                                                                        277
   272   273   274   275   276   277   278   279   280   281   282