Page 628 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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enfermos  igual  que  una  brisa  fresca  hasta  que  estos


             conciliaron el sueño.



                    Por la mañana las toses no se reanudaron. A varios

             de  los  enfermos  se  los  encontraron  en  los  camastros,

             angostos  como  ataúdes,  con  las  inertes  piernas

             dobladas, pegadas al cuerpo exánime, como si fuesen


             bebés dormidos.



                    —Arrojadlos  por  la  borda  —ordenó  el  capitán—.

             Ahora a los demás os tocará reintegrar el precio de su

             billete.



                    La cara de Lao Guan estaba más roja que los rostros


             arrebolados  por  la  fiebre  de  los  enfermos.  Se  inclinó

             junto a los cadáveres y cortó un mechón de cabello a

             cada uno; cada mechón lo guardó en un sobre que cerró


             con extremo cuidado.



                    —Los  llevaré  de  vuelta  al  pueblo  de  sus

             antepasados,  de  suerte  que  su  espíritu  no  tenga  que

             vagar por los océanos sin poder regresar a su hogar.



                    Los  cadáveres  fueron  arrojados  por  la  borda  del


             barco envueltos en mugrientas sábanas.


                    Al cabo llegaron a San Francisco, a la Vieja Montaña


             de Oro. Aunque habían sido sesenta los hombres que



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