Page 632 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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—Esto tiene que ser el paraíso —dijo Ah Yan, que


             era  poco  más  que  un  niño—.  ¡Habéis  visto  con  qué

             alegría  gastan  el  dinero!  Deben  de  estar  ganando

             tantísimo que han pagado la deuda antes de lo previsto


             y son capaces de ahorrar un dineral para su familia sin

             dejar de pasarlo en grande.



                    Lao Guan sacudió la cabeza y se acarició la barba.

             Se sentó junto a los rescoldos de la hoguera y fumó su

             pipa mientras observaba la gran tienda del pañuelo de


             seda y el par de zapatos femeninos. La luz en su interior

             permaneció encendida hasta bien entrada la noche.



                    El trabajo era duro. Tenían que abrir un camino para

             la vía férrea a través de la montaña que se alzaba frente

             a  ellos.  La  montaña  cedía  ante  sus  picos  y  cinceles  a


             regañadientes,  solo  tras  repetidos  martillazos  que

             hacían  que  los  hombres  tuvieran  doloridos  hasta  el

             último  músculo  de  hombros  y  brazos.  Había  tanta


             montaña por mover que  era como tratar de hacer un

             agujero  en  las  puertas  de  acero  del  palacio  del

             emperador  excavando  con  cucharas  de  madera.  Los


             capataces blancos no paraban de gritarles que se dieran

             más  prisa,  y  se  abalanzaban  con  sus  látigos  y  puños

             contra todo el que trataba de sentarse un minuto.



                    Progresaban tan poco día tras día que por la mañana


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