Page 633 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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los hombres ya estaban cansados incluso antes de
empezar a trabajar. Los ánimos fueron decayendo, hasta
que un día uno tras otro fueron dejando en el suelo las
herramientas: la montaña los había derrotado. Los
capataces blancos corrían de un lado para otro,
azotando a los chinos para que volvieran al trabajo, pero
estos se limitaban a intentar apartarse de su camino.
Lao Guan subió de un salto a una roca en la ladera
de la montaña para estar más alto que los demás.
—¡Tu‐ne‐mah! —gritó, y escupió a la montaña—.
¡Tu‐ne‐mah! —Miró a los capataces y les sonrió.
Las carcajadas de los chinos inundaron el
desfiladero. Uno tras otro se fueron uniendo al cántico,
«¡Tu‐ne‐mah! ¡Tu‐ne‐mah!». Mientras cantaban, los
trabajadores sonreían a los capataces y les hacían gestos.
Estos, sin saber muy bien qué es lo que se esperaba de
ellos, se unieron a la salmodia, algo que pareció divertir
todavía más a los chinos, que recogieron sus
herramientas y retomaron el trabajo de abrirse paso por
la montaña con una ferocidad y un frenesí cuyo ritmo
venía marcado por la cadencia del cántico. Esa tarde
avanzaron más que en toda la semana.
—¡Joder con los micos estos! —dijo el supervisor de
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