Page 664 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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acostumbraban a darme caramelos durante su pausa de


             la  comida.  Las  familias  de  colonos  nipones  a  las  que

             conocíamos iban bien vestidas y eran educadas y cultas.

             «Si  me  permiten  elegir,  en  mi  próxima  reencarnación


             volveré como japonés», dijo mi padre en una ocasión.


                    Durante  mi  infancia,  un  nuevo  primer  ministro


             japonés anunció un cambio de política: los nativos de

             las colonias debían convertirse en buenos súbditos del

             emperador.  El  gobernador  general  japonés  estableció


             escuelas  rurales  a  las  que  era  obligatorio  asistir.  Los

             niños más inteligentes incluso podían llegar a ir a un

             centro de enseñanza superior, algo que hasta entonces


             había  estado  reservado  a  los  japoneses,  y  luego

             continuar sus estudios en Japón, donde les esperaba un

             futuro brillante.



                    Sin  embargo,  yo  no  era  buen  estudiante  y  nunca

             llegué a dominar el japonés. Me di por satisfecho con


             aprender a leer un puñado de caracteres, y luego volví

             a trabajar en el campo, igual que mi padre y su padre

             antes que él.



                    Todo  esto  cambió  el  año  de  mi  décimo  séptimo

             cumpleaños (el quinto de la era Shōwa, es decir, 1930),


             cuando  un  japonés  ataviado  con  un  traje  occidental

             llegó  a  nuestro  pueblo  prometiendo  riquezas  a  las


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