Page 117 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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muerte del obispo como una señal y decidió
                   obedecer puntualmente lo que le había recomendado:
                   seguir los dictados de su corazón. Unas veces daba
                   limosna a los mendigos, otras les decía que se
                   pusieran a trabajar. Unas veces hacía un sermón
                   muy serio, otras cantaba con sus feligreses. Su
                   comportamiento llegó a oídos del nuevo obispo, que
                   le pidió que fuera a verlo.
                            Cuál no sería su sorpresa al descubrir que
                   se trataba de aquel que, años atrás, había hecho el
                   comentario respecto al agua que servía su
                   superior.
                   -Sé que tienes a tu cargo una parroquia
                   importante -dijo el nuevo obispo, con ironía en
                   los ojos-. Y que durante todos estos años has sido
                   un buen amigo de mi predecesor. Quizás aspirabas
                   al obispado.
                   -No -respondió el sacerdote-. Aspiraba a la
                   sabiduría.
                   -Pues ya debes de ser un hombre muy culto. Pero
                   he oído historias muy raras respecto a ti: unas
                   veces das limosna, otras niegas la ayuda que
                   nuestra Iglesia está obligada a dar.
                   -Mis pantalones tienen dos bolsillos, en cada
                   uno hay un papel escrito, pero sólo guardo el
                   dinero en el bolsillo izquierdo.
                   El nuevo obispo quedó muy intrigado con esa
                   historia; ¿qué decían los papeles?
                   -En el del bolsillo derecho escribí: "No soy
                   nada más que polvo y cenizas." En el del
                   izquierdo, donde guardo el dinero, el papel dice:
                   "Soy la manifestación de Dios en la Tierra."
                   Cuando veo miseria e injusticia, meto la mano en
                   el bolsillo izquierdo y presto ayuda. Cuando veo
                   pereza e indolencia, meto la mano en el bolsillo
                   derecho y veo que no tengo nada que ofrecer. De
                   esta manera equilibro el mundo material con el
                   espiritual.
                            El nuevo obispo le dio las gracias por
                   aquella imagen tan bella de la caridad y le dijo
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